Un tema recurrente en la vida de un hospital es el de las visitas. Más exactamente: la saturación de habitaciones y pasillos por familiares, amigos y conocidos de los pacientes ingresados.
Nuestra idiosincracia nos hace ser solidarios con quienes padecen una enfermedad y han sido hospitalizados. Inmediatamente corre la noticia entre conocidos, amigos, familiares. Todos pensamos que debemos ir a ver al paciente. Y esa idea, más emotiva que racional, nos hace programar una visita al centro...caiga quien caiga ...
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